La OMS contra la comida basura

La lucha contra la comida basura, tan perjudicial para la salud, es una batalla que renace cada vez que algún centro de investigación u organismo internacional revela nuevas y graves consecuencias por su consumo.

Los últimos en poner el grito en el cielo han sido los de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en su último boletín ha publicado un estudio en el que denuncian que los gobiernos podrían hacer mucho más por frenar la creciente epidemia de sobrepeso y obesidad simplemente con adoptar medidas para combatir el consumo de comida basura o comida rápida.

Los gobiernos podrían frenar el sobrepeso y obesidad con medidas contra la comida basura.

Los gobiernos podrían frenar el sobrepeso y obesidad con medidas contra la comida basura.

Hay que recordar que el sobrepeso y la obesidad pueden comportar graves consecuencias para la salud como enfermedades del corazón, respiratorias, cáncer, derrame cerebral y diabetes, así como problemas psicológicos (depresión, baja autoestima y ansiedad) y diversas dificultades sociales (discriminación, aislamiento, invalidez y problemas laborales).

El autor principal de este estudio Roberto De Vogli, responsable del Departamento de Ciencias de la Salud Pública de la Universidad de California, ha explicado de forma clara y contundente que “a menos que los gobiernos regulen sus economías, la mano invisible del mercado continuará promoviendo la obesidad en todo el mundo, con consecuencias desastrosas para la salud pública y la productividad económica”.

Este informe ha sido el primero en comparar los efectos de la desregulación de la economía (incluidos los sectores de la agricultura y alimentación) y el consiguiente aumento de las transacciones de comida rápida en la obesidad a lo largo del tiempo. Para ello, han tomado datos sobre el número de transacciones de fast-food por habitante entre 1999 y 2008 en 25 de países de ingresos altos y los ha comparado con el índice de masa corporal (IMC) en estos países.

El resultado es que mientras aumentaba el número medio de transacciones anuales de comida rápida por habitante (de 26,61 a 32,76), el IMC medio crecía también (de 25,8 a 26,4). Se entiende que con un IMC de 25 o más hay sobrepeso y que con 30 o más hay obesidad.