Cuando la alteración emocional se alarga en el tiempo: el estrés

El estrés es la respuesta que nuestro sistema nervioso y ciertas hormonas generan para hacer frente a una situación difícil. Es decir, es la forma en la que nuestro cuerpo se prepara para funcionar de la mejor manera posible ante ciertos desafíos o retos. Esto que, aparentemente, es beneficioso puede resultar muy perjudicial para la salud cuando la alteración emocional se alarga en el tiempo o es progresiva.

Como apunta la American Psychological Association (APA), “mientras más tiempo su mente se sienta estresada, más tiempo su sistema de reacciones físicas se mantendrá activado. Esto puede llevarle a mayores problemas de salud”.

Recientemente se han conocidos aspectos sobre la incidencia del estrés en la salud que hacen pensar en la importancia de esta alteración nerviosa. Así, han aumentado los casos de dolores de cabeza en niños y adolescentes por culpa del estrés que provoca la escuela, sus horarios, los deberes y las horas delante del ordenador. Igualmente, el número de consultas de mujeres para tratar la caída del cabello se ha incrementado un 150% en los últimos veinte años debido al estrés laboral.

Hay que saber que cuando sentimos una tensión emocional producimos más adrenalina y cortisol que aumentan la frecuencia cardíaca, la respiratoria, la presión arterial y el metabolismo; ponemos los músculos en alerta; tenemos mejor visión al dilatar mucho más las pupilas; el hígado libera glucosa almacenada para aumentar la energía del cuerpo. Hasta el sudor que se produce es beneficioso para refrescarse.

Todo esto es bueno para funcionar bajo presión, pero cuando ésta es extrema la respuesta al estrés causa problemas estomacales, dolores de cabeza y dolores de pecho; ansiedad, ataques de pánico, tristeza, depresión o problemas para dormir; se sufre de una constante presión, confusión y prisa; irritabilidad y melancolía; e incluso reacciones alérgicas como eczemas o asma.

Una consecuencia habitual en situaciones de estrés es beber y comer en exceso, fumar o consumir drogas. Por ello, se aconseja no sobrecargarse de trabajo ni compromisos, dormir bien, mantener un buen estado físico de salud (hacer deporte y comer bien), aprender a relajarse, ser optimista y realista y afrontar los problemas de menor a mayor.