Cómo cuidar el corazón de los niños y de los adultos

La Federación Mundial del Corazón decidió, junto a la OMS y la UNESCO, que este 29 de septiembre se tenía que celebrar el Día Mundial del Corazón y que era un momento perfecto para recordar a todos que con la salud no se juega, pero que, en concreto, con las del corazón, mucho menos.

Todos sabemos ya, más o menos, lo que tenemos que hacer, pero no está de más volver a repasar algunos consejos para, sobretodo, vigilar la salud de los más pequeños y, en especial, su corazón. No hay que olvidar que los malos hábitos de hoy son los problemas de mañana.

Así, hay que saber que con los niños hay que tener muy en cuenta la alimentación, el ejercicio y su descanso. Si nuestro hijo no hace ejercicio y no lleva una dieta equilibrada y saludable lo más probable es que acabe padeciendo obesidad e hipertensión infantil, factores que indicarán una probabilidad muy alta en edad adulta de sufrir una enfermedad cardiovascular.

De esta forma, las principales causas de una enfermedad cardíaca es la obesidad infantil, que como hemos comentado tiene mucho que ver con no comer de forma saludable, fumar (olvide el tabaco), beber alcohol en exceso (nada de más de dos vinos o cervezas al día) y, muy importante, no hacer el suficiente ejercicio físico. Más complicado, como consecuencia de los tiempos que corren, es controlar el estrés, pero si lo consigue, además de ser más feliz, tendrá un corazón más sano.

Entonces, qué tenemos que hacer para cuidar perfectamente el corazón de los niños y el de los adultos y, por tanto, nuestra salud: haga deporte, duerma las horas necesarias para un perfecto descanso y coma de forma saludable.

Este aspecto es el que más cuesta, pero no es tan difícil: no abuse del azúcar y la sal, tampoco de las grasas animales y saturadas (las que están en la leche, los huevos y la mantequilla) y no se pase con el alcohol.

Muy recomendable siempre el pescado azul dos veces por semana, la fruta y la verdura cinco veces al día (sobretodo acostumbre a los niños), el aceite de oliva (grasa no saturada) y la leche desnatada.

Más información en la Fundación Española del Corazón.